| Leyenda: Una noche tenebrosa. |
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| Escrito por L.I. Javier Carrillo |
| Sábado, 29 de Octubre de 2011 17:43 |
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Como en todos los pueblos de México, en Morelos Zacatecas, siempre ha habido fiestas populares, bailes y diferentes actividades en las que el pueblo se divierte, baila al compás de las notas musicales que salen de los instrumentos tocados por los alegres filarmónicos.
Un día de tantos, se realizaba una de esas diversiones en el pueblo mencionado. Un señor de nombre Catarino, cuyo apellido desconozco, pues la autora no lo menciona, sólo nos dice que era tío de su papá, salió a la calle y ya estando en el bailecito se tomó unas copas de buen tequila.
Mientras tomaba y gustaba con los amigos, veía como las parejas se movían al compás del “Chotis” de los barretos. Sólo, sin bailadora, brincaba con la botella en la mano, diciendo que sentía ganas de traer una linda muchacha que lo acompañara en su diversión.
De pronto, tal vez por sentirse mareado, le dijo al compadre que lo acompañaba, vayámonos al otro baile, allá hay más bailadoras. ¿Pero dónde hay otro baile compadre? Contesto el invitado, Usted sígame, yo lo llevo.
Al salir, escucharon a lo lejos las notas de un alegre tamborazo, tocando El Caballo mohíno. De inmediato se dirigieron hacia donde se escuchaba la tambora, pero les parecía curioso que entre más caminaban, la música se oía más lejos, creyeron que el grupo musical iba caminando también, por lo cual apresuraron el paso, con la idea de darles alcance.
Cuando llegaron al pie del cerro de La Cruz, se dieron cuenta que la música, se escuchaba, pero ahora con rumbo al centro del pueblo, por eso se regresaron, dirigiéndose hacia el jardín principal. Curioso, de nuevo sucedía que mientras más avanzaban, más lejos se escuchaban las notas del grupo musical.
Eran ya como las tres de la madrugada, al pasar por la esquina formada por las calles Aldama y Zaragoza se les unió un nuevo personaje, como este iba menos tomado, apenas les sirvió a los compadres para detenerse en él, pues los señores caminaban de un lado para otro. Andaban ya muy tomados.
Al pasar frente a la antigua pila del municipio, aquella donde se acumulaba el agua venida desde El Chorro, con la cual se regaba el jardín allá por 1945, los borrachitos aprovecharon para humedecerse un poco la cara, tratando de recuperar el conocimiento casi perdido.
Reían, cantaban, gritaban alegremente, cuando ¡OH! Sorpresa, por la acera norte del jardín caminaba una hermosa doncella, vestía con una tela blanca muy fina, con la luz de la luna se alcanzaba a ver en ella un poco más de lo ordinario.
Ahí Don Catarino intervino diciendo: Se lo dije compadre, acá hay mejores bailadoras. Vamos a seguirla. Así lo hicieron, pero la dama se movía con mucha agilidad, casi no caminaba, más bien parecía que flotaba.
Caminando por la cera oriente, los nocturnos enamorados apresuraron el paso, hasta casi alcanzar a la desconocida, al acercarse a ella, empezaron a pronunciar palabras de galanes, diciendo frases un poco vulgares, como: ¡Mira nomas que curvas! ¡Mamacita, que cosas hace la naturaleza para los pobres! Y así, muchas más.
Ya en la acera sur, don Catarino, que en ese momento era el más acelerado, se abalanzó para tomarla del brazo, como no lo logró le dijo: ¿Quién eres? Voltea para verte. Mientras trataba de verle la cara, pero ella se negaba a voltear, caminando de prisa para no ser identificada.
Los galanes insistían con frases amorosas, pidiéndole que se detuviera para verla.
Al llegar al pie de los grandes árboles que se encontraban en la parte suroeste del jardín, ahí entre las calles Buena vista y San Antonio, por fin la mujer se detuvo.
Oculta entre las sombras de los pinabetes, la producida por los taburetes que había ahí y la resultante de una nube que cubrió el astro de la noche, la mujer hablo diciendo: no puedo presentarles mi cara, pues tengo un castigo por andar de enamorada, sólo desaparecerá la maldición de mi madre, si un hombre me da besos apasionados en la boca.
Yo, gritó Don Catarino, yo te doy los besos, ven guapa. Al decir esto, la mujer volvió la cara. ¡Que horror! Tenía forma de caballo cadavérico. La fulana se lanzó sobre los trasnochados para ofrecerles su feo hocico de caballo descarnado, Don Catarino se quedó paralizado, mientras aquel ser de ultratumba pretendía sujetarlo, intentando darle el deseado beso.
El pobre señor se defendía y parecía que aullaba de espanto. A los acompañantes hasta lo borracho se les quitó y despavoridos corrían calle abajo con rumbo al templo, el pobre besucón alcanzó a zafarse de aquel extraño ser y corrió con rumbo al edificio de la presidencia municipal.
Al llegar a la comandancia, encontró a Don Pancho, aquel personaje que la hacía de policía y al que el pueblo llamaba el gendarme, este al ver al aterrorizado sujeto le dijo:¿Qué te pasa? Andas como mariguano, traes hasta los ojos de fuera. Te voy a encerrar en la cárcel.
El pobre hombre mientras temblaba de pies a cabeza contestó: Si Don Panchito, gracias por dejarme entrar al bote.
Mientras tanto, a lo lejos se escuchaban los aullidos de los perros y los gritos espantosos de una mujer que lloraba su desgracia.
Otro día, por la mañana, Don Catarino contó al policía la historia de aquella noche tenebrosa, como dijo Don Catarino había escuchado los ladridos de los perros y el raro llanto de una mujer, creyó lo contado por el detenido.
Los ingratos compadres del asustado Catarino nunca volvieron. Dicen que el hombre se fue a los Estados Unidos y jamás regresó.
Fuente: Tesoros, Brujas, Difuntos y Espantajos en Morelos Zacatecas. Cronista Municipal. |
| Última actualización el Domingo, 30 de Octubre de 2011 11:46 |



